ESENCIAS de Carmelo González Ferrández

Reseña de Consuelo Jiménez de Cisneros.

Hay libros que nos llegan y nos conmueven incluso antes de leerlos. Siempre he dicho que un libro es un trabajo de equipo, y este en concreto sería un ejemplo precioso y admirable de mi afirmación. Porque es un libro en el que intervienen muchas otras personas además del autor: el prologuista Luis T. Bonmatí, escritor y editor; los firmantes del colofón «Desde lejos, desde dentro»: José Luis Simón, Antonio Giménez e Higinio Mora; y finalmente, la nuera del autor, Bianca Chazarra, con su Addenda que presenta la estructura del libro. Destaca Bianca el carácter íntimo y autobiográfico de este conjunto de escritos que resumen la vida familiar, social y profesional de una persona profundamente enraizada en los pueblos en que ha transcurrido su recorrido vital -Rojales y Formentera del Segura- y en su gente.

No creo que se pueda elaborar un mejor homenaje que esta recopilación de una vida puesta por escrito, tan cuidadosamente ordenada, donde se alternan textos en prosa, en verso, dramatizaciones… construyendo simultáneamente una crónica personal y social de su entorno. El tono varía desde lo festivo a lo lírico, con guiños a su realidad más cercana.

Tras el prólogo de Bonmatí «Como nos recordamos», la primera parte lleva el explícito título de «Mi familia y yo». Muy bien por esa ordenación que hoy en día se ha perdido cuando tantos colocan el yo por delante. Y el primer poema, «De los Hilarios», se dedica «A mi madre», como no podía ser de otra forma, un largo poema narrativo que constituye una suerte de «memorabilia» donde lo emotivo y lo humorístico se alternan.

La segunda parte, «Mis amigos, mis compañeros» se inicia con un pregón de Carnaval dedicado a su colegio y prosigue con una serie de poemas escritos con motivo de las jubilaciones de quienes, evidentemente, fueron amigos y compañeros, siendo esta última condición tantas veces el principio de una amistad.

La tercera parte, «Crónicas de mis dos pueblos», recoge pregones de fiestas de Rojales y de Formentera del Segura escritos en verso dramatizado, además de otros textos. El Romance de la Encantá, leyenda que encontramos en tantas poblaciones al sur de Despeñaperros (no hace mucho me la contaban en la pedanía de Barranda, cerca de Caravaca) y el soneto dedicado «A Alberto González Verger» dan fe del dominio que tiene el autor de la métrica y la retórica clásica, condición indispensable para titularse de poeta. Y es un verdadero placer para el lector «connoisseur», si se me permite la «boutade», deslizar la vista por versos bien construidos sin que nada choque ni estorbe.

Y como somos seres subjetivos y emocionales, en esta parte destaco tres poemas: el dedicado «Al Segura, mi río» que tantos recuerdos me trae de aquel puente murciano presidido por la Virgen de los Peligros bajo el cual veía yo de niña circular el Segura; el precioso villancico «Se fundió la nieve blanca» que relaciono con aquellos que yo componía y sigo componiendo cada navidad; y el evocador «¡Qué tiempos allá en la huerta!», crónica sentimental dedicada a sus padres.

El dialecto o habla local que recuerda al panocho murciano reproducido fonéticamente, tal como se pronuncia, aparece en el texto en prosa «¡Qué joventú!», constituyendo lo que podríamos llamar un caso de etnografía literaria. Y en ese mismo territorio ubicamos los homenajes a las buenas personas que tanta falta nos hace recordar que han existido, existen y existirán: esos seres que acompañan nuestras vidas sin hacer ruido pero haciendo el bien, como el practicante conocido bajo el nombre del tío Pepe-Ramón.

Termina el libro con el apartado «Algunos pensamientos» donde predomina la poesía religiosa, algo no demasiado habitual en estos tiempos de agnosticismo. El autor reflexiona sobre la Pasión con versos impactantes. Como también lo son los dedicados, en forma de soneto, a un perro abandonado.

«Esencias» es así un libro compuesto, en su mayor parte, por textos que podríamos clasificar como «poesía de circunstancias» en el más amplio sentido de esta expresión, la cual debería acreditarse y perder su injusta connotación de poesía menor. Las circunstancias pueden ser las más íntimas y familiares, desde la noticia de que va a ser abuelo hasta las ceremonias que jalonan su vida y la de los suyos: bodas, nacimientos, cumpleaños… plasmando esas entrañables relaciones familiares que tanta felicidad aportan cuando, como en este caso, se comparten con franqueza y alegría. Otros textos de esta misma categoría han sido provocados por eventos varios, como programas de fiestas, efemérides (IES La Encantá en su XX aniversario), inauguraciones (primera piedra de la ermita de San Roque) y un largo etcétera.

En algunos poemas encontramos influencias de la formación literaria y las lecturas del autor. Destacaría el poema «Desánimo» que nos recuerda tanto, en sus versos iniciales, al poema «Cansera» del murciano Vicente Medina, presentando en ambos casos un estado de ánimo depresivo unido a una fuerte crítica social. Este aspecto de queja crítica en boca de un campesino también me recuerda al poema «La pará de la higuera» de mi abuelo Daniel Jiménez de Cisneros recogido por mí en el libro «Del fósil al verso» (https://elcantarano.com/del-fosil-al-verso/). Y es que las sensibilidades comunes forzosamente coinciden.

Para finalizar, subrayar lo que los hacedores de este libro tan especial recalcan en la contraportada: el libro es un regalo a una persona ejemplar que «prefiere pasar desapercibido y los protagonistas de sus escritos son siempre otras personas y seres queridos (…) convirtiéndolo, por una vez, en el protagonista de la historia».

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