DOS LIBROS DE NARRATIVA DEL MÉDICO Y PALEONTÓLOGO CARLOS SILLERO GARCÍA

Reseña de Consuelo Jiménez de Cisneros.

El doctor Carlos Sillero García, que además de médico es paleontólogo y ha descubierto varias especies fósiles de invertebrados, me hace llegar dos libros que muestran su versatilidad como narrador: la novela El pícaro erudito (2021) y el conjunto de cuentos Relatos de lo absurdo (2020). Ambas obras están publicadas en la alicantina editorial ECU, dentro de su colección de Narrativa. Fuera de eso y de pertenecer al mismo autor, son libros muy diferentes como veremos a continuación.

El primero cronológicamente, Relatos de lo absurdo, recoge en el título ese concepto tan ligado a la literatura y al arte del siglo XX que es el de lo absurdo, lo surrealista, lo fantástico. Nos ofrece veintidós relatos breves unidos por la temática de narrar una realidad irreal, si cabe expresarlo con esta paradoja, y una temática común que es la delgada línea que separa la vida de la muerte. Esto produce, en muchos de los relatos, una suerte de confusión entre los personajes que no sabemos si están vivos o son difuntos. Literatura con prestigiosos precedentes, como la novelita corta Pedro Páramo de Juan Rulfo.

El autor desea explicar el porqué de su escritura y cuenta que estos relatos algo sombríos surgieron durante el confinamiento por la pandemia, lo que justifica su tono, en ocasiones próximo al humor negro. Lo interesante es la originalidad de algunas de sus propuestas, el engaño al lector que puede imaginar desenlaces diferentes a los previstos por el autor en cada relato. Esta curiosidad es la que hace atractivos los relatos, que además están redactados en un estilo sencillo y realista, que choca con la retórica de lo extraordinario subyacente en cada una de las historias.

En cuanto a la novela El pícaro erudito, es, en primer lugar, un homenaje a la picaresca, género literario admirado por el autor según él mismo reconoce en su Prefacio: «Siempre he querido escribir una novela sobre los pícaros». En este caso, no se remonta a los pícaros de la época clásica de nuestro fecundo siglo de oro que los vio nacer y desarrollarse, desde el anónimo Lazarillo al Buscón quevedesco. La novela de Sillero se corresponde con el tiempo del autor y está ambientada en la segunda mitad del siglo XX. Se enmarcaría en esa picaresca de la autobiografía ficticia que también cultivó Cela en su Pascual Duarte e incluso, previamente, Pío Baroja en las novelas que escribió en los primeros años del siglo XX y que describen la vida y experiencias de un estudiante de medicina en la capital, como El árbol de la ciencia. Pues de esto justamente trata El pícaro erudito: de las experiencias de un joven estudiante de medicina en el Madrid de la posguerra, ciudad que aparece amorosamente descrita en sus barrios, tipos y costumbres.

El lenguaje tiene la peculiaridad de que reproduce el habla más íntima y coloquial con las grafías fonéticas correspondientes a lo que realmente se pronuncia y se escucha: «te ejtá picando», «¿quiés algo?» Lo que nos puede recordar ese tipismo del Madrid barriobajero y zarzuelesco. En cambio, cuando habla el autor-narrador, que es la mayor parte de la novela, el estilo aparece mucho más culto y cuidado como corresponde al personaje.

El argumento se resume en las andanzas de un joven que se dedica a descubrir la vida, el sexo, la amistad y todo lo que lleva consigo la entrada en la edad adulta hasta que un amor verdadero irrumpe en su existencia y se la transforma, como no podía ser de otro modo. Lo que resulta más interesante es acompañar al personaje en ese fantástico y preciso recorrido por la ciudad de Madrid, el ambiente de las pensiones, la universidad, las calles y barrios. Algunos títulos de capítulos son denotativos en este aspecto: El Instituto, La casa de huéspedes, La Facultad de Medicina, El Mercado de San Fernando, El Rastro, El Hospital Clínico de San Carlos… Pero que nadie piense que se trata de una novela «turística»: todos estos lugares están perfectamente imbricados en el argumento y en el ser esencial y sentimental del protagonista.

Otros títulos son nombres de mujer y recuerdan las que han sido importantes en el aprendizaje sentimental del autor-narrador, pues ésta no deja de ser una novela de aprendizaje, donde el personaje central evoluciona a lo largo de sus páginas: Claudia, Adela Sánchez, Julia… El título del último capítulo aparece abierto a la esperanza de una vida plena: El amor abre caminos. Que así sea.

No puedo concluir sin asegurar que, para mí, ha sido un más que grato descubrimiento esta primera aproximación, que espero no sea la última, a la escritura creativa de un médico, Carlos Sillero, que forma parte de la cada más larga nómina de médicos escritores que engrandecen culturalmente nuestra ciudad: Emili Rodríguez Bernabeu, Juan Antonio Buil, Francisco Mas-Magro… Una vez más, las ciencias y las letras van de la mano y nos ofrecen lecturas de alta calidad literaria y exquisita hondura humana.

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