CINCO SONETOS A POETAS CLÁSICOS CASTELLANOS de Antonio Gracia

MAYO ALCÁZAR DE SAN JUAN

Autor: Antonio Gracia.

Ha pasado abril, el mes literario donde se festeja el Día del Libro; pero para nosotros, todos los meses son literarios y todos los días merecen la dedicación de un tiempo a la lectura. Los clásicos, como el amor, no pasan nunca. Así lo apreciamos en estos extraordinarios sonetos de Antonio Gracia dedicados a cinco grandes poetas de nuestra literatura clásica española.

Non serviam (Garcilaso)

Cansado de morirme cada día
sin hallar el descanso de la muerte,
renuncio a refugiarme en la elegía
como consuelo ante la adversa suerte.

Rompo la tradición de la poesía
de quien en versos su dolor convierte,
y me esfuerzo en hacer de la alegría,
de entre todas las musas, la más fuerte.

En vez de recrear con amargura
la aventura fatal de la existencia,
quiero hacer de mi pluma mi destino.

Tal vez plantando paz en la escritura
la existencia, por fin, tome conciencia
de que solo la luz es un camino.

Razón de la palabra (Fray Luis)

Sueño que un día alcanzaré la cumbre
de la serenidad y la firmeza.
Pero el oro del tiempo es solo herrumbre,
ruina de sueños, vida sin nobleza.

Nunca escribí para buscar belleza,
sino para aliviar la pesadumbre;
pues, al verbalizarse, mi tristeza
halla consuelo, encuentra mansedumbre.

Sé bien que la existencia es una herida
que sólo con la muerte se sutura,
y cada cual se entrega a una esperanza.

Yo leo el manuscrito de la vida,
trato de descifrarlo en mi escritura
y aprendo a ver la muerte con templanza.

Bajo la pluma (Lope)

Solo en la inmensidad del universo,
bajo el párpado azul del alto cielo,
el corazón tan solo halla consuelo
en el cuadro, la música y el verso.

Por sosegarme, con la luz converso
del músico paisaje, del desvelo
del viento al salmodiarse, del anhelo
de infinitud, y en versos me disperso.

En las constelaciones prodigiosas
de la frágil palabra me persigo
sin esperanza, pero incontinente.

Las luciérnagas arden como rosas
alumbrando senderos, y las sigo
armado con la pluma solamente.

Liturgia del poema (Góngora)

Primero es un rumor a un ritmo asido,
un aroma, una luz aprisionada
en la sombra, una hoguera dilatada
que asoma su fulgor desconocido.

Luego encuentra su música el sonido
en la frágil palabra revelada;
y la voz, caudalosa o mesurada,
la pluma ordena, pule y da sentido.

En la página hermosa y fatigada
la mano alza la luz desde la bruma,
porfiando darle vida a cuanto nombra.

Quedan, bajo la herrumbre calcinada,
palabras sostenidas por la pluma
y sueños derribados en la sombra

El desencanto (Quevedo)

Aceptar que una estrella silenciosa
es, en verdad, el fuego de un infierno,
y que en el resplandor del alba hermosa
nace la noche con su breve invierno.

Admitir que la muerte lujuriosa
se engendra ya en el cíngulo materno
y florece en el lirio y en la rosa
porque todo es fugaz y nada eterno.

Comprender que son vanos los empeños
del vivir por huir de un fin amargo
y que al hombre lo rige el desengaño.

Saber que el corazón inventa sueños
para sobrevivir: y, sin embargo,
no poderse engañar con ese engaño.

Textos: Sonetos extraídos de la recopilación Autorretrato en otros de Antonio Gracia. Publicados digitalmente en https://elcuadernodigital.com/2021/03/17/diez-sonetos-autorretrato-en-otros/

Ilustración: Patio de Alcázar de San Juan. Archivo fotográfico de Consuelo J. de C.

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