85 AÑOS DE LA MUERTE DE FEDERICO GARCÍA LORCA

Textos de Lines González, Zizi Kessler y Francisco Mas Magro.

El 18 de agosto de 1936 fue asesinado Federico García Lorca, en el marco de la violenta locura de sangre que inundó España desde sus dos aceras. Lorca pagó con su vida no solo el ser homosexual en una época en que no estaba aceptada esa condición, sino el ser un genio absoluto de las letras y las artes y un espíritu libre y puro, algo que la mediocridad y la envidia típica española no perdonan. Y “el crimen fue en Granada, en su Granada”, donde un puñado de mediocres y envidiosos provincianos apagaron la luz de su existencia física mientras, sin saberlo ni quererlo, encendían para siempre la de su fama inmortal.

El Cantarano recoge esta efemérides con unos versos interrogativos sobre el triste destino del poeta firmados por Lines González, que ya fueran publicados en la revista asturiana Prímula; una prosa lírica inédita de la argentina Zizi Kessler que nos recuerda que Lorca estuvo en Buenos Aires (en 1933) y un poema de Francisco Mas-Magro ambientado en el Nueva York surrealista lorquiano de 1929-30 perteneciente al poemario Obstinada memoria, cuya publicación está prevista en la editorial Devenir en 2022.

DOCE PREGUNTAS A FEDERICO. Lines González

¿Dónde estás, Federico?

¿Fue el diecisiete al anochecer?

¿Fue el dieciocho no amanecido?

¿En quién pensó tu clavel rojo, despetalado y enmudecido?

¿Fue en tu madre insomne?, ¿en Rafael furtivo, aún por probar el plomo anónimo del enemigo?

¿Cómo tembló tu mirada de gitano claro y de improbable judío?

¿Por quién se quebró el piano andaluz y granaíno?

¿Jugaste a inventar palabras gallifantes y acericos?

¿Visitó tu pecho de hombre la luna incierta sobre los pinos?

Vives en Víznar, en San Vicente y en Alfacar.

¿Dónde estás, García Lorca?

¿Dónde no estás, Federico?


LORCA VIAJA EN EL TIEMPO DE GRANADA A BUENOS AIRES. Zizi Kessler

En octubre de 1933 llegó a Buenos Aires el más exquisito representante de la Generación del 27: Federico García Lorca (1898-1936). Fue recibido con un telegrama que decía: “Tu llegada es una fiesta para la inteligencia”. En ese período, Lola Membrives repuso la obra Bodas de sangre en el Teatro Avenida de la capital porteña.

Los personajes que se nombran en este artículo corresponden a diversas obras suyas, y ellos son: Angustias, de La casa de Bernarda Alba; Rosita, de Doña Rosita la soltera o el Lenguaje de las flores; Leonardo, de Bodas de sangre; Ignacio, de Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías. Las expresiones entrecomilladas pertenecen textualmente a fragmentos de su obra.

Federico, despierta: he venido a buscarte. No sueñes más por el camino de Víznar a Alcáfar, ese olivo tinto en sangre ya no llora, el caballo de plata ya no gime en tus letras, ni el león acecha en los cuadros de Dalí.

¿Te acuerdas de Buenos Aires? Desde allí vengo. Despierta, glacial en oros antiguos y tibio en rondillas de estío. Ya tu luna nos alumbra y lejana alondra despluma trinos para orientarnos. Mira cuán bello es nuestro camino, de nácar como la honda perla y de rosas a cielo abierto cuando recién amanece. Un ángel de zinc mira de una alta torre y desde allí te saluda Granada. Mírala: lleva en sus ojos tu intenso carisma, revive en tu bravura de toro encendido de cielos en cobres y rojos de ocaso. Mírala: ella te sostiene con sus manos en vilo y se abre intensa de amor como fruto que es, cuando madura. Déjala que te lleve en sus ríos de soledad, estandarte de alhucema y benjuí, bendecido. Siente sus genes en tu ser andaluz y en cada paso deja que te porte con roto espasmo de amor tardío.

No temas, toros bravíos custodian nuestro paso y rejones de luz clavan agujas de estrellas en tus pies andantes. Caminemos, el tiempo se ha retorcido como gigantesco hilo y en un círculo de fuego se desprende en tu espíritu de hoguera y alumbre. El cielo se ha roto en vitrales de angustias y en estoques de metal, tu piel de ámbar revive en tus ojos de inmortal andaluz.

Lejanos murmullos nos ciernen y amenazan nuestra huida: luchemos. La mejor defensa es la sordera del mal que crepita y nos persigue con feroces aullidos. Una muchedumbre incierta y plena de vida nos persigue con feroces gritos y nos quiere para sí: Angustias, desgarrada y Rosita, temblorosa cual sutil nardo recién abierto, murmuran tu nombre. Hay ángeles de plata con campanas de bronce que claman por nuestra fugaz huida: grítales que te irás por una noche, de azabache y en destellos perdida… Leonardo, bravío gitano de clavel y sueño, intenta atravesar nuestro paso con su daga en ristre, mas no ha podido y en un charco de sangre olvidada, en mustia sangre se ha adormecido. El vocerío nos aturde, pero poco a poco se desvanece en la lejanía, en conturbado vacío.

Ya nadie nos detiene. Un haz de plata-luna baja de la mano de “un niño que la mira, mira” y que nosotros miramos. Mil estrellas nos ayudan, que esto no es el cielo: son tus ideas que crujen en brillos y emiten luz en metáforas. Trigales maduros y cuajados de oro nos esperan en la llanura bravía. Un Río de la Plata te envía ansioso gemidos de acero y nos abre camino.

Cuidado, no toques esa espina: el pasado ha muerto estacado en el olvido.

Una lluvia de voces nuevas te claman aquí a viva voz: Federico, regresa por una noche, cuando ángeles en escorzo te saludan y la Cruz del Sur, en su eterna belleza desde la altura, te da la bienvenida. En rondillas, los niños gritan tu nombre, caballos horadan la pampa como vientos de níquel y los cerezos maduran oyendo tu nombre, con racimos de penas, “ a las cinco en punto de la tarde”, con Ignacio arrodillado en cuchillos de alondras que nadan con él en tus dibujos de ensueño. De un escenario quebrado en llantos, baja Leonardo al ver a su autor y en abrazo, el tiempo cae roto y canta una y otra vez el espacio, en un teatro de vida y pasión.

Todo el mundo en convulsión: ¡Federico ha retornado! El “ verde que te quiero verde” es un himno pampeano y “collares y anillos blancos” lucen todos, asombrados. Vocerío en el viento arrastra tu sonrisa de ángel mutilado, y en relámpago, el círculo de hilo ya deshecho por el fuego -en amanecer inminente-, en una recta directa y fugitiva, audaz y temeraria, a tu Granada, has regresado como intenso ángel de luz , custodio de su historia.

MEDIA HORA CON FEDERICO. Francisco Mas Magro

Media hora con Federico en Nueva York enloquece los gatos de mi cabeza.
Se escurrió despacito Eva Cassidy desde el paraíso,
su dorada melena flota y ella cabalgando sobre un arcoíris que no es gay.
Bajó a cantarme “Autum Leaves” bajo este “Blue Skie” del ardiente verano levantino

Noto su voz colgada de mi nuca
y es una caricia que calma mi turbación de pájaro nocturno.
Su voz, sobre la confusión de Federico,
llora quedo, bajo el puente de aguas turbulentas que vieron
la huida de su palabra al infinito.

Federico en Nueva York no entiende
que en los parques habiten estorninos
(hijos de aquellos que Shakespeare llevó en sus libros
contaminando la paz de aquel espacio).

Federico sospecha que el amor se esconde en los arbustos de Bow Bridge;
el abrazo, en la Estación Central;
el frío desde la raíz a la última aguja
de aquellos bloques horriblemente bellos.

Y es así que no pienso viajar a Nueva York, es cierto,
pues que allí el poeta perdió el norte corriendo tras una ardilla surrealista
y no era Dalí en Central Park.
Se desvaneció su cordura,
apuntando en sus escritos que todas las gallinas eran idiotas
y perseguían por la Quinta Avenida una cabeza
recién cortada que rodaba calle abajo
y de milagro no era la mía, atravesada por esta humedad agobiante.

El calor de este verano
sin aire acondicionado.

Fotografías: Consuelo Jiménez de Cisneros, Mariluz Galisteo, Zizi Kessler.

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