UN POEMA DE AMOR Y CINCO POEMAS CHILENOS DE ULISES VARSOVIA

Dibujo de Constanza Cervino para poemas de Ulises Varsovia

Un amor

Un amor más poderoso que la muerte,
un amor de las raíces hasta el cielo.
No llegar jamás a él, no conmover
su santo reposo con llantos y besos.

No tocar siquiera el ala de sus sueños:
quizás no volaron nunca, no florecieron.
Se quedaron esperando como una novia.
Nadie los quiso, nadie preguntó por ellos.

Sagrado como la muerte tu patrimonio.
Devuélveme los besos: soy el tiempo.
Pero no temas: jamás existimos.
Tú eres la que no fue, y yo el que ha muerto.

Hija de tanta inclemencia, cómo pudiste,
cómo no vino a romperte la vida el invierno.
Te veo bajo la lluvia, y tus hijos tiemblan.
Nadie ampara en la ciudad el dolor de tus huesos.

Un amor más poderoso que la muerte,
un amor de las raíces ascendiendo.
No la toquéis: viene cansada.
Duerme la pobre un dolor de tan lejos…

Un amor más poderoso que la muerte
1979-1980 Inédito

Para no morir

Me acerques, Chile, tus huesos sombríos,
me acerques tu umbrosa osamenta
de siglos de cruda intemperie
entre el océano y la nieve.

¿A quién reconocer en ellos,
a quiénes llamar mis hermanos
de sangre, de perfil, de letra,
de actitud, de dialecto terrestre
torcido en la impar desinencia
de voces naciendo de la tierra?

Me acerques, Chile, tu escultura
de espuma volcánica hecha piedra,
con los pómulos sobresalientes
de nosotros, tus hijos silvestres,
tus hijos puros, madre institutriz,
populosos tus senos de desgarro.

Sea desde el norte calcinado,
sea por las frías dispersiones,
sea por los espejos del agua,
por las uvas de luz diáfana,
o por tus ásperos tamarugales,

siempre la misma vestal nutricia,
siempre la misma madre abnegada,
tejiendo un manto de lana chilota,
o un poncho de alpaca de la montaña.

Me acerques, Chile, tus huesos filiales,
me acerques tus copihues húmedos,
me acerques tus mejillas cálidas,
me acerques tu faz desgreñada,

para no morir, para llenarme
de tu magnitud de madre en vela
por mí, por ti, por todos nosotros
dispersos y atados a tu regazo.

(Del poemario inédito Otra vez Chile. 2010)

Sitio postrero

¿A cuál de tus cerros,
Valparaíso,
a cuál de tus castillos
tocando el cielo
debo regresar?
¿Dónde debo buscar
el sitio postrero
para mis huesos,
mi hogar final?

¿Dónde depondrán mis años
su oceánica carga,
de bardo del alba
en ti despertado
un día invernal?
¿Dónde, amada ciudad,
besarán un pedazo
de tu tierra mis labios
y se dormirán?

¿En cuál de tus reductos
ondeados por el mar,
se le dará hogar
a mis pasos sin rumbo
un día cualquiera?
¿Dónde, madre primera,
acogerás mi obscuro
destino en el arrullo
de tu voz marinera?

¿Y quién dirá los rezos,
quién dirá una plegaria
por la errante alma
de tu hijo viajero
vuelto al hogar?
¿Quién vendrá a sellar
mi sitio postrero
bajo todos los besos
de la materna mar

(Del poemario inédito Dos ciudades. 1998)

Tus poetas, madre

¿Y qué de tus poetas, Valparaíso,
dónde en toda la inmensa tierra
se apretujan tus callados hijos
a la noche extraña y temblorosa,
llenos de tu maternal substancia?

¿Qué de aquellos que en el Placeres,
por Cordillera, por Santo Domingo,
qué de quienes en Ramaditas,
en Porvenir, en el Mariposa,
en toda tu retorcida geografía
soñando, corriendo en el viento,
trepando tus arduas escaleras,
elevando al cielo sus volantines?

¿Dónde están ahora, madre amada,
dónde yerran sus pasos errantes
indisolublemente ligados
a tus calles inverosímiles,
a tu arquitectura revuelta,
a tu costa de olas en estampida?

¿Será que estamos ciegos, madre,
será que vamos con nuestras vidas
sin dirección por la tierra toda,
y sólo en tu abrupta presencia
despertaremos de nuestro exilio,
se encenderá la luz en el alma?

En La Matriz, de repente, silencio,
silencio de voces declamatorias
pronunciando su amarga poesía,
y un cirio por cada poeta errante,
un cirio encendido por tus ausentes,
por tus hijos ciegos, Valparaíso.

(Del poemario inédito Cuándo de Valparaíso. 2009)

Tutela oceánica

Hogar las húmedas evocaciones
de la sal en el aire construída,
en el aire su formidable alcázar
de indestructible vaho marino.

Una irreprimible ola de vapor,
una irreprimible marejada azul
rodeándome de sus ruidos quebrados,
rodeándome de sus alas exhaustas
cayendo de bruces contra la costa,
y recogiendo su vuelo tutelar.

Tutela oceánica para el desvarío
de mi sueño convulso sacudido
de láricas emanaciones de sal,
del lárico aullido del viento tribal
persiguiendo en el aire el agua prófuga,
elevando y rompiendo su alcázar de sal.

Un madero de olorosos bosques,
una nave silvestre de alta mar,
sin velamen, ni jarcias, ni timón,
para éste, tu delirante náufrago,
para éste, tu vástago de la sal
zozobrando entre arrecifes nevados,
encallado en su arrecífica prisión.

Hogar las evocaciones del nauta
sumido en el tiempo de nunca pasar,
de pie bajo el espacio inaccesible,
golpeado de ráfaga y sal procelosa,
húmedo de lárica linfa tribal.

(Del poemario inédito Volver a Valparaíso. 2007)

Verte por última vez

Verte por última vez, patria amada,
llegar hasta tu orilla eléctrica
con mis habitantes extraviados,
posar el pie sobre tu arena pura,
y oler tu penetrante olor a estiércol
de aves oceánicas custodiándote.

Remecer tu atmósfera salada
a gritos de vástago errante,
a aullidos de náufrago ciego
reconociendo en el tacto tu veste
de vestal oceánica erguida
en el cruce de tiempo y geografía.

Por última vez tocar con mis manos
el polvo de tu telúrico desorden,
y recoger de tus secretos caminos
mi propia huella allí perpetuada,
el polvo de tus hijos innumerables.

El náufrago tuyo desde un exilio
de planetas inhóspitos gravitando,
húmedo de corrosiva humedad
y tatuado de estrellas boreales,
apenas reconocible en el dialecto
de su alfabeto nocturno desatado.

Sagrado hogar de humildes maderas
resistiendo el embate de vientos
oceánicos sobre ti vertidos,
sólo por última vez verte y morir,
sólo una vez más llegar a tu arena
y oler tu estiércol de aves marinas,
y oir tus olas azules quebrarse,
y desatar mi dialecto nocturno
sobre tu geografía de sal y ceniza.

(Del poemario inédito Memoria tribal. 2000)

Ulises Varsovia nació en 1949 en Valparaíso, Chile, donde cursó estudios de Geografía e Historia, Arte y Literatura. Licenciado en Filología Hispánica y Doctor por la Universidad de Friburgo (Alemania), trabajó como profesor universitario en Chile y Suiza, donde reside actualmente. Lleva toda su vida cultivando la poesía, desde sus Sueños de amor de 1972 y sus Jinetes nocturnos de 1974 hasta su Antología Esencial II de 2014, sin olvidarnos de su Hermano lobo. Pedagogía silvestre (1995), donde aúna poesía y pedagogía. Ha publicado cerca de treinta poemarios y guarda numerosos poemas inéditos que espera ir publicando.

Los seis poemas seleccionados son inéditos y corresponden a distintas etapas poéticas del autor. Decidimos empezar por un poema de amor cuyo primer verso guarda un eco de Quevedo (“amor constante más allá de la muerte) y seguir con cinco poemas dedicados a su tierra, Chile. Agradecemos al autor las facilidades que nos ha dado para la libre reproducción de sus versos.

La ilustración es un dibujo original de Constanza Cervino.

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