CALLE SANTA ELADIA Y OTROS RELATOS de Lines González

Calle Santa Eladia toma su título del primero de los dieciséis relatos que componen el libro editado en 2020, inolvidable año pandémico, por el sello asturiano Clarín de Ediciones Nobel, donde la autora ya ha publicado otros títulos, como su personalísima Guía sentimental de Rabat y su primera colección de relatos, Bajo las hojas del roble, que ya se reseñó en el anuario 2020 de El Cantarano.

La evocación de la infancia forma parte de la memoria recuperada de una sociedad rural que ya es historia. Un lugar en el tiempo donde «La vida era sencillamente deliciosa, plena y compartida». Las experiencias personales, las aficiones, el universo íntimo de la autora que pasa de su aldea asturiana a unas vivencias cosmopolitas en ciudades de Marruecos, de Italia, de Noruega, de Argentina… En su regreso al pasado no esquiva la nostalgia, vista con un cierto humor resignado en su relato Malditas nostalgias que rememora sus encuentros informales con el Nobel Severo Ochoa, convecino en su tantas veces evocada Luarca. Asturias no se concibe sin la emigración, y el relato Pálido reflejo de lo que fuiste dedicado «A mi tía Julia, la de La Habana» cuenta una visita y una historia familiar en la que se entremezclan recuerdos y fantasías. Historias familiares entre la realidad y la recreación literaria donde el amor es la base sustantiva, el amor de sus padres, que fue el motor que le dio a ella la vida. Su aliento de manzana es esa historia de amor implacable más allá de la infidelidad y la desdicha.

Lines además aborda sin tapujos, con naturalidad y sensibilidad, un tema poco habitual, que es el del lesbianismo, que aparece en varios de los relatos –Como ella, Tres fotografías venecianas, Tarde para cambiar mi tendencia sexual…- y de manera singular en el último, Cosmovisión de la edad madura, un monólogo envolvente donde la autora desgrana una suerte de autobiografía ficticia que recorre, en paralelo con sus vivencias, la historia española del siglo XX.

Entre los relatos destaca el dedicado a Miguel Hernández con el título Un itinerario personal: Miguel Hernández, donde nos cuenta el descubrimiento que la autora hace del universo hernandiano mediante su visita a Orihuela en el otoño de 2016. Esta afición al viaje de descubrimiento ya la observamos en su primera obra, la mencionada Guía sentimental de Rabat. Los cementerios también obsesionan a la autora, y el cuento Mi nombre es Gath, de regusto borgiano -la autora cita a Borges en su relato Malditas leyendas-, y no solo porque transcurra en Buenos Aires, nos transporta a ese mundo de los cuentos de terror y a ese miedo ancestral a ser enterrado vivo. Una historia narrada desde el más allá por una voz imposible: la de su protagonista.

Aunque el libro está fechado en 2020, contiene relatos muy anteriores en el tiempo, que nos permiten comprobar la versalitilidad de estilo de la autora. Mamá que has muerto está fechado en 1988 y Los barcos tristes en 1991. Si el primero recoge una serie de estampas casi líricas de una niña huérfana aficionada a esconder pequeños tesoros, el segundo es un drama familiar narrado en un estilo que nos recuerda al García Márquez de Cien años de soledad. Asombra la capacidad de la autora para transmutar el universo de Macondo en su propio universo astur, y el homenaje al Nobel colombiano queda patente en el nombre del protagonista: Aurelio.

Temas candentes, como el de la violencia de género, aparecen denunciados en relatos como el de Solo soy un niño, donde es el hijo quien toma la palabra para narrar el horror. Este relato viene precedido por una cita del Platero de Juan Ramón Jiménez que nos muestra el esfuerzo excesivo de una niña enfrentada demasiado temprano a los quehaceres y sinsabores de la vida. Y esta observación nos lleva a concluir lo poderosos que son los personajes femeninos de Lines, ya sean niñas o personas mayores, ricas o pobres. Las mujeres que pueblan estos relatos nos asombran con ese empoderamiento avant la lettre con el que, desde siempre y aunque fuera de forma tantas veces silenciosa, la mujer ha construido el mundo.

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