PASEO POR UN PAZO GALLEGO

Autora: Consuelo Jiménez de Cisneros.

Durante mi verano en Ribadeo tuve oportunidad de visitar un típico pazo gallego conocido como «Casa grande de Cedofeita», ubicado cerca de Barreiros. Estaba habitado (al menos en los fines de semana) y pudimos conocer a sus propietarios, un matrimonio «mixto» (gallega y castellano). Debo agradecer esta visita a la Oficina de Turismo local, que puso a disposición de los interesados, gratia et amore, un autobús y un par de guías, una de ellas transmutada en una mujer del siglo XVIII que nos contaba con gracia sus vivencias de trabajo en el pazo.

Fue una experiencia grata y divertida que no puede compartirse, que hay que vivirla, y eso es lo que recomiendo a mis lectores. Uno de los múltiples tesoros que guarda España en uno de sus más discretos rincones es este pueblo (mejor dicho, villa) de Ribadeo a la que volveremos en otras ocasiones para contar otros aspectos de los que vale la pena dejar constancia. Naturaleza, paisaje marino, rural y urbano, historia trágica (el horroroso crimen del Marqués de Sargadelos) y romántica, los indianos y sus mágicas casas, la familia Calvo Sotelo que cuenta entre sus miembros con el político alevosamente asesinado por la II República, el dramaturgo concienciado de La muralla y el Presidente del Gobierno más breve y menos conocido de la Democracia: ingeniero, poeta, navegante y padre de familia numerosa.

Pero en esta entrada vamos a hablar solamente de los pazos. «Iglesia, palomar y ciprés, pazo es», reza el dicho (originalmente en gallego). Y así, nuestra pizpireta guía nos hizo descubrir la iglesia, el palomar y el ciprés del pazo que visitamos, entre otros detalles. Todos sabemos que los pazos eran las casonas donde los propietarios vivían y desde las que gestionaban sus tierras. Este pazo las tenía abundantes, y en el momento de nuestra visita, soleadas, cubiertas de espesa hierba que ondulaba por el terreno de suaves colinas.

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Ya que no es posible transportar al lector la fresca brisa, el olor de la yerba, el sabor de las pastas caseras con que nos obsequiaron ni el rumor de las puertas de la capilla al abrirse y cerrarse, ofrecemos al menos estas fotografías elementales que hablan por sí solas y también con la ayuda de los pies de foto. Paseamos de nuevo por el pazo, cuya vegetación veraniega de verde brillante ahora en otoño estará vestido de rojo y marrón. Feliz paseo.

Puerta de entrada al pazo, presidida por una cruz
Interior de la iglesia del pazo

Exterior del palomar

Interior del palomar

El ciprés del pazo

Un hórreo, construcción típica en los pazos que servía para almacenar productos agrícolas

Fachada del pazo con su escudo. Los dueños de los pazos solían tener títulos nobiliarios

Una vista de las tierras del pazo, desde el balcón ubicado entre la iglesia y la casa familiar

Comedor del pazo con la bandeja de pastas caseras sobre la mesa, preparadas para los visitantes

Otra vista del comedor del pazo

Interior doméstico de servicio
Lareira (chimenea tradicional gallega) con su olla y su molinillo de café
Piedra y madera son elementos fundamentales de la construcción tradicional del pazo
Vista de la monumentalidad de estas construcciones rurales
Una habitante histórica del pazo (guía que dramatizó la visita)
Las hortensias son las flores características de las casonas rurales gallegas. Aquí observamos algunas calcinadas por el sol de agosto
Macetas floridas y vegetación espontánea decoran los muros interiores del pazo

Uno de los múltiples detalles del pazo que combinan utilidad y belleza: fuente de piedra con margaritas

Idílico paisaje alrededor del pazo

 

 

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