ENSEÑAR CIENCIA, ENSEÑAR VIDA. MARILUZ GALISTEO GUERRA

Recogemos aquí el discurso de despedida, por jubilación, de una profesora ejemplar: Mariluz Galisteo Guerra, que enseña a sus estudiantes no solo su materia, sino la materia de la vida. Testimonio donde se aúnan lo íntimo con lo histórico en el contexto de un centro educativo emblemático del que se cumplieron recientemente los 175 años de existencia. Este centro, primero Instituto General y Técnico de Alicante y luego IES Jorge Juan, es depositario de una serie de colecciones de materiales didácticos que constituyen un tesoro cultural desconocido para la mayoría de los alicantinos.

En efecto, incomprensiblemente, Alicante es la única de las tres capitales de provincia valencianas donde no existe un Instituto de Bachillerato con espacio museístico, pese a los reiterados esfuerzos que se han hecho, a lo largo de casi medio siglo, desde la Dirección del centro educativo, sin que las sucesivas administraciones públicas hayan respondido como correspondería.

Así pues, al merecido homenaje a quien fuera secretaria, jefe de estudios, directora y sobre todo profesora vocacional y entusiasta del IES Jorge Juan de Alicante, El Cantarano añade la reivindicación del museo didáctico, una tarea pendiente que no debería demorarse.

Querido alumnado, querido profesorado y y queridas familias: nosotros estamos hoy aquí para compartir nuestra despedida. Queremos celebrar que nos vamos, y destilamos alegría y agradecimiento. Casi sin darnos cuenta, hemos alcanzado lo que parecía tan lejano cuando entramos en este impresionante y anticuado edificio. Pues bien, después de muchos años nos ha llegado el momento, estamos preparados para afrontar nuevos retos. Dentro de estas paredes hemos experimentado grandes cambios. Hemos completado una importante transformación. Como las que sufren las formas larvarias de las mariposas. Ha sido duro, pero hemos conseguido alas.

Cuando vosotros llegasteis eráis unos niños y ahora sois adultos, ya con capacidad de decidir y pensar por vosotros mismos. Yo también era bastante más joven cuando llegué aquí por primera vez y, durante treinta y cuatro años, he participado en la educación de muchas promociones, a la vez que desarrollaba mi vida personal y mi carrera profesional. Vinimos al Jorge Juan casi por casualidad, y pronto vimos que el Jorge Juan no solo es un instituto: es una institución. Es decir, es una organización de personas -profesores, alumnos, familias, personal de servicios- que, trabajando juntos, desde hace 175 años, ha conseguido mantener un nivel de excelencia en la enseñanza y formación de generaciones de jóvenes.

¿Y cómo se consigue esto? Pues porque este lugar no es un sitio vacío, es un sitio lleno. La labor de todos los profesores que han vivido y trabajado en esta institución permanece con nosotros, es un legado de riqueza intelectual, que se manifiesta en la gran cantidad de recursos educativos que podemos ver y tocar, porque son de verdad, son auténticos.

Mi historia comienza en septiembre de 1987, con obras en el edificio y alrededores. Como consecuencia estuvimos realojados durante el primer trimestre en distintos centros. A mí me tocó dar mis clases en el IES San Blas en horario nocturno, porque durante la mañana, como era lógico, lo utilizaba su propio alumnado. Ese mismo año me incorporé a un grupo de profesores que estaban estudiando una gran colección de fósiles que había sido recopilada, entre 1904 y 1934, por el Catedrático Daniel Jiménez de Cisneros. Estos materiales, una vez ordenados y catalogados, constituyen la Exposición permanente de Fósiles que vemos por los pasillos. Realmente estas y otras colecciones eran empleadas como material de prácticas para los estudiantes, lo que nos da una idea de cómo ha cambiado la enseñanza en los últimos años en contenidos y en métodos.

Uno de los empeños en que más he trabajado, junto con mis compañeros de Departamento y los Equipos directivos, ha sido en buscar una ubicación, más adecuada que los pasillos, para todos estos materiales de gran valor científico, histórico y educativo. Desgraciadamente tuvimos que asumir que las instituciones que deben velar por el cuidado de estos tesoros no han encontrado, hasta el momento, los medios para mantenerlos y mostrarlos a todos los ciudadanos, como la gran riqueza que son.

El trabajo en un centro que pertenece a la red de colegios públicos, que se abre y recibe la riqueza de la variedad de alumnado y profesorado, es muy gratificante. Es como la biodiversidad, la variedad de seres vivos que forma los ecosistemas de la Tierra, en los que cada especie aporta un enfoque diferente para resolver el reto de la vida, y de esta manera se aprovechan y comparten todos los recursos, formando una red que acepta cambios y los asume. En este instituto como ecosistema, cada año aparecen retos nuevos, asignaturas nuevas, horarios nuevos, compañeros nuevos, normas nuevas…. y claro, o te adaptas o desapareces. Y es que esto es vida. Los retos son buenos, la variedad es buena.

Vivimos en “un punto azul pálido”, una mota de polvo iluminada por el sol, como definió Carl Sagan a nuestro planeta, pero increíblemente dinámico. El clima cambia, las montañas se desintegran por la energía del Sol que mueve las aguas de los mares y los ríos. Surgen cordilleras nuevas por la energía interna que mueve los continentes y los transforma… y este infierno es nuestro hogar.

¿Cómo no van a gustarnos los cambios? Los seres vivos que hemos llegado hasta aquí, tras 3.500 millones de años, hemos sido seleccionados para poder asumir estas condiciones y por tanto este es nuestro ambiente. El método de la vida es crear más cambios, producir una gran variabilidad de formas y procesos, para afrontar los que se puedan presentar y para que siempre exista la posibilidad del triunfo. Nosotros somos una especie que hemos salido adelante en un mundo cambiante, sin garras, sin colmillos, sin caparazones… ¿cómo lo hemos hecho? Aunque parezca mentira, nos gustan los retos.

Contamos con el recurso de una inteligencia práctica, es decir, que nos ayuda a resolver problemas y además nos recompensa generando placer por ello. Cada vez que superamos un problema, nuestro cerebro nos regala una descarga de potentes sustancias que nos hacen sentir bien, por ello nuestra vida es la búsqueda de retos y la pasamos gozando mientras tratamos de resolverlos. Por algo Oliver Sacks, un eminente médico neurólogo y gran comunicador, puso por título a su autobiografía En movimiento. Por cierto, os recomiendo su lectura.

Los físicos nos explican que solo existe el trabajo cuando al aplicar una fuerza a una masa conseguimos que esta se desplace. Volvemos al movimiento, al cambio. Vosotros y yo tenemos ahora por delante un cambio, y de los importantes. Nos vamos a mudar a otro escenario y tendremos que adaptarnos, ¿Cómo lo vamos a hacer? Espero que utilizando las herramientas innatas con que hemos sido dotados, además de los recursos que aquí os hemos enseñado. Tenemos que adaptarnos al cambio, modificando nuestra forma de pensar, asumiendo nuevos enfoques, inventado nuevas explicaciones. Usemos en nuestra el vida el método científico, pensando como un científico. Dice mi admirado Carl Sagan “La ciencia es más que un simple conjunto de conocimientos: es una manera de pensar.”

Mi objetivo como profesora ha sido acompañaros y mostraros la naturaleza que nos rodea, enseñaros a mirarla con otros ojos, para ver más allá de lo aparente. Cambiar la forma de ver las cosas es lo que nos abre la mente para comprender lo que no vemos a simple vista y visualizar un camino nuevo. Fijaos cómo nos lo transmite Pere Estupigná en la introducción de su libro El ladrón de cerebros, cuando explica el descubrimiento de un personaje que, a instancias de un amigo, se pone unas gafas submarinas y observa lo que hay debajo del agua. Así descubre una visión nueva y maravillosa de la realidad y se da cuenta de que el mundo es mucho más que su apariencia.

¿Dónde nos lleva este afán de descubrir y entender? ¿Y para qué me sirve esto? Para tener una vida rica, para comprender y recibir la recompensa de placer de mi gran cerebro. Todo lo que nos espera son cosas buenas, si tenemos la habilidad de ser flexibles.

Os deseo que vuestra vida sea siempre rica y feliz. Un gran abrazo.

Alicante, 17 de junio de 2021

Foto: Consuelo Jiménez de Cisneros. Mariluz Galisteo Guerra en los aledaños del IES Jorge Juan de Alicante. Julio de 2021.

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