EMILIA PARDO BAZÁN. NOTAS PARA UN CENTENARIO

Autoras: Lines González y Consuelo Jiménez de Cisneros

El Cantarano se suma a las celebraciones del centenario de la muerte de doña Emilia Pardo Bazán con dos artículos: el de la profesora y escritora asturiana Lines González y el de la editora de nuestra revista digital, Consuelo Jiménez de Cisneros.

EMILIA PARDO BAZÁN NO ESTÁ ENTERRADA EN LA CAPILLA DE MEIRÁS COMO ELLA QUERÍA

Autora: Lines González

En este año 2021 en que celebramos el centenario de esa escritora inconmensurable que fue Emilia Pardo Bazán, durante una de mis visitas a la exposición que, con motivo de dicho centenario, le ha dedicado la Biblioteca Nacional, me he encontrado con la fotografía de su sepultura en la iglesia de la Concepción madrileña. Sabía que doña Emilia había fallecido en la capital y tenía idea remota acerca de su deseo de ser enterrada en su ciudad natal, La Coruña. De ahí partió la idea de averiguar el porqué de este hecho en una personalidad que dejaba pocas cosas al azar y que sabía cómo pelear para que sus deseos fueran tenidos en cuenta.

Emilia Pardo Bazán, doña Emilia, (La Coruña, 1851- Madrid, 1921), porque sólo de esta manera parece que podamos dirigirnos a ella. Doña Emilia. Esa mujer empoderada, esa fisonomía robusta cuya imagen animada puede contemplarse –blanco y negro rotundos pese al admirable cosmopolitismo que representa la prolífica vida de la escritora- durante unos breves minutos en YouTube. Doña Emilia, autora polifacética de una obra de primerísima línea, periodista, editora, poetisa, ensayista, dramaturga, conferenciante, catedrática, defensora ardiente de los derechos de la mujer, viajera, y una de las personas más cultas que su siglo nos ha dado. Doña Emilia, primera mujer que emitió un voto en España, siempre de negro vestida, en el momento de introducirlo en la urna…que, como socia de número de la Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, le correspondía en la elección de senadores por el cupo de las sociedades económicas. Se advierte en la fotografía de la Exposición de la Biblioteca Nacional de Madrid una especie de orgullo, de “aquí estoy yo”, mujer votante, rodeada de serios e imponentes hombres bigotudos, que observan, circunspectos, la introducción del voto de aquella mujer en la urna.

Doña Emilia, esa mujer de convicciones religiosas que viaja, opina, estudia, lee y publica, deja prescrito en su testamento (como buena católica), que quiere ser enterrada en la capilla de las Torres de Meirás, torres que ella había heredado, medio arruinadas, de su padre y que consiguió rehacer tras quince años de obras hasta darle la forma que –más o menos- ahora conocemos como Pazo de Meirás. Esto dejó dicho en su testamento pero, ¡inquieto y dramático siglo xx español!, sus deseos no se han cumplido. Ya son varias las voces que se elevan para exigir que se cumpla.

¿Qué ocurrió para que su voluntad se incumpliera y sus restos mortales permanezcan en la iglesia de la Concepción de la calle Goya madrileña?

Emilia Pardo Bazán tuvo tres hijos: Jaime, María de las Nieves (conocida como Blanca), y Carmen Quiroga Pardo Bazán. Al primogénito y heredero le correspondía cumplir el encargo materno pero el segundo conde de Torre Cela (título cedido al hijo por voluntad materna), que llegó a ser oficial del Arma de Caballería, militó en el carlismo como lo hicieran sus padres, y hasta conoció la cárcel en 1932 como presunto implicado en la Sanjurjada…fue fusilado junto con su único hijo –y nieto único de doña Emilia- que llevaba su mismo nombre, Enrique, cuando contaba diecisiete años. Parece, y sobre este particular bien cabría hacer la rigurosa investigación correspondiente, que un hijo ilegítimo de Enrique Quiroga Pardo Bazán pudo formar parte del pelotón de milicianos que protagonizó el fusilamiento del padre y el hermanastro. Tal vez en el Congreso Internacional sobre Emilia Pardo Bazán a celebrar en La Coruña durante el mes de septiembre próximo, coordinado por el experto profesor Paz Gago, queden dilucidados éste y otros aspectos de su entorno familiar, junto con otros pormenores, de más provechoso interés, referidos a su magnífica obra escrita.

En la Wikipedia se da como lugar de enterramiento de la ilustre escritora el cementerio parisino de Père Lachaise. A día de hoy me ha sido imposible contrastar tal dato, como tampoco he podido seguir al completo el periplo de sus restos mortales, dada la obsesión, o el empeño, o la afición por las inhumaciones provisionales que, históricamente, hemos solido exhibir a lo largo de los siglos en esta España nuestra. Sí consta su enterramiento en el cementerio madrileño de San Lorenzo y San José, desde donde serían trasladados los restos mortales a su actual ubicación en la citada iglesia madrileña de la Concepción. En la cripta figuran los fallecidos de las tres familias emparentadas: La Pardo Bazán, (Doña Emilia, sus hijas Carmen y María de las Nieves), la Cavalcanti, (su yerno, José Cavalcanti) y la Collantes (su nuera). Justamente su nuera sería quien vendería las Torres de Meirás al ayuntamiento coruñés (¡junto con archivo y biblioteca!) por cuatrocientas mil pesetas… para ser regalado al Generalísimo en 1939. Desde ahí ochenta y dos años en manos de la familia Franco tras un reciente y complicado proceso de expropiación y devolución fragmentarias, por parte de la que fue primera familia del país, para dilatar todo lo posible la entrega del pazo a la propiedad pública de donde nunca debió salir. Pero ésta es otra historia –injusta, lamentable- que implica la dispersión de la valiosa biblioteca original de la escritora gallega.

Existe un error en la lápida de doña Emilia pues figura el 12 de marzo (de 1921) como fecha de fallecimiento cuando la fecha real es el 12 de mayo. También sabemos que no falleció de diabetes, enfermedad que sí padecía, sino de gripe. Nunca entró en la Real Academia de la Lengua por tratarse, claro, de una mujer, (¡y aunque esa mujer fuera doña Emilia!), y por las críticas salidas de los labios de Menéndez Pelayo y Juan Valera, aunque sí ha entrado en la Real Academia Galega… pese a que no escribió –creo, creo- en su lengua materna.

Menéndez Pelayo (otra vez) y Clarín, la calificaron de vanidosa y prepotente aunque quienes piensan lo contrario exhiben, como prueba, que una mujer vanidosa no dejaría escrito su deseo de protagonizar un sepelio sencillo, sin representación política y sin flores.

Todos estos aspectos, más los derivados de la libertad personal y sexual que se permitió tomar sin que nadie se la concediera, se asoman y se discuten y se amplifican, quién sabe si con altavoces que deberían aplicarse más bien a la difusión del estudio pormenorizado de una de las más vastas y valiosas obras de la historia de la literatura contemporánea española.

DOÑA EMILIA, ESCRITORA NATURALISTA Y FEMINISTA AVANT LA LETTRE

Autora: Consuelo Jiménez de Cisneros

En este año de 2021 se conmemora el centenario de la muerte de Doña Emilia Pardo Bazán, que lleva el doña por delante porque la mayoría de sus retratos la muestran como una señora mayor y entrada en carnes, aunque otros retratos menos conocidos de su juventud nos la presentan como una joven atractiva y desenvuelta. Por otra parte era de familia rica y noble (condesa), lo que no suma ni resta méritos literarios, pero sí explica que, siendo mujer, tuviera acceso a la educación (un acceso entonces muy restringido, que ella precisamente quería generalizar al resto de mujeres). Hay que subrayar que fue el talente abierto de su padre lo que permitió que ella estudiara más allá de las materias propias de la mujeres de su época, respetando su afición por la literatura y los idiomas.

Aunque llevamos todo el año escuchando ecos de este centenario (exposición en la Biblioteca Nacional de Madrid, reediciones de sus obras y de los estudios sobre ella, notas de prensa…) elegimos el mes de septiembre para recordarla porque ella nació un 16 de septiembre de 1851 en La Coruña.

Doña Emilia fue escritora, pero también fue hija de familia, esposa jovencísima (se casó a los dieciséis años), madre cariñosa de tres hijos, amante apasionada, amiga fiel. Ella fue la primera persona que acudió al domicilio donde falleció Galdós cuando supo su desenlace, demostrando así que su afecto y consideración iba más allá de la tan comentada aventura erótica de juventud que ambos disfrutaron. Es evidente que compartieron mucho más que unos ratos de pasión y que el amor a la escritura y la inteligencia les unieron por encima de sus diferencias políticas y de clase.

Emilia Pardo Bazán tuvo la oportunidad de dar clases en la universidad pero ningún hombre consideró que una mujer pudiera enseñarles nada, y ante la ausencia total de alumnos, cesó en su empeño docente. Hay que recordar que en su época no había mujeres en la universidad. Esto parece extraño hoy en día, cuando la mujer casi supera al varón en número dentro del ámbito académico y cuando recientes noticias indican que se debe dar preferencia a la mujer sobre el varón en las universidades españolas de hoy en día, algo con lo que estamos en total desacuerdo. Se debe dar preferencia a la persona más competente con independencia de su sexo.

Aunque se la considera sobre todo como novelista, la Pardo Bazán cultivó otros géneros literarios como la poesía o el ensayo. Así lo demuestran la poesía que dedica a su hijo Jaime, su primogénito, y su implacable y polémico ensayo sobre el naturalismo titulado La cuestión palpitante.

Mucho se ha escrito sobre el naturalismo de la Pardo Bazán y sobre si se pueden conjugar el naturalismo y su peculiar catolicismo. Basta leer sus novelas para responder esas cuestiones. En ellas aparece un determinismo hereditario y ambiental que nada tiene que envidiar al de Zola. Pero era mujer, así que había que mirar con lupa lo que hacía. O eso debía de pensar el insigne Clarín, que tanto polemizó con ella. Doña Emilia presenta en sus novelas y cuentos personajes de toda clase y condición: aristócratas y campesinos, burgueses y obreros. No debemos olvidar que aunque el naturalismo francés se arroga la novedad de introducir a tipos de baja extracción social como protagonistas, eso ya lo había hecho la novela picaresca española cuatro siglos antes.

A lo largo de su producción, Emila Pardo Bazán trazó espléndidos y variados retratos de mujeres: rurales y urbanas, ricas y pobres. Se considera que su novela La tribuna es una de las primeras en que da voz a una obrera, en este caso de una fábrica de tabacos. También escribió sobre el maltrato contra la mujer en varios ocasiones. Recomendamos su estremecedor relato Las medias rojas, recogido en su obra póstuma Cuentos de la tierra. Aquí el maltratador no es un marido ni pareja, sino un padre egoísta y cruel.1

Entre los inmuebles de que disfrutaba su familia hubo uno que adquirió parrticular relieve en el siglo XX: el Pazo de Meirás, donde se conservaba (lo diremos en pasado, ya que nadie puede hoy garantizar la integridad de ese legado) la biblioteca de doña Emilia. Tras décadas en manos de la familia Franco, el destino ideal de esa casona sería convertirla en un museo permanente y un centro de estudios dedicado a la gran mujer y gran escritora que fue Emilia Pardo Bazán, y desde estas líneas votamos fervientemente por que así suceda.

1Se puede leer el texto completo en:

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/cuentos-de-la-tierra–0/html/dcb42d82-2dc6-11e2-b417-000475f5bda5_2.html

Fotografías

Retrato de Emilia Pardo Bazán fechado en 1894 y dedicado a Eduardo Pondal. De wikimedia commons. Joaquín Vaamonde Cornide. Dominio público.

Pazo de Meirás. Lois Chantada, 2016 (foto de wikimedia commons editada por Consuelo J. de Cisneros).

Fotografía de Wikimedia commons editada por Consuelo J. de Cisneros. Monumento en calle Princesa de Madrid. Escultor: Rafael Vela del Castillo. Monumento sufragado por mujeres de España y Argentina a sugerencia de la Duquesa de Alba (Rosario de Silva), madre de la famosa Cayetana de Alba. Se inauguró en 1926, cinco años después de la muerte de la escritora. El lugar elegido está cerca de donde residía Doña Emilia y cerca también del Palacio de Liria, principal residencia de la duquesa de Alba impulsora del proyecto.

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