FRANCISCO MAS-MAGRO Y MAGRO, UN MÉDICO QUE ESCRIBE

El doctor don Francisco Mas-Magro y Magro, nieto del médico del mismo nombre que fue candidato al Nobel de Medicina por sus estudios sobre la leucemia, es un hombre que se ha proyectado en dos campos, aparentemente distantes: la Medicina y las letras. Un ejemplo de que ciencias y humanidades pueden ir de la mano, como ha sucedido en el caso de otros científicos relevantes. Tenemos cercano el nombre de Daniel Jiménez de Cisneros y Hervás, geólogo y paleontólogo que cultivó con éxito todos los géneros literarios y además la fotografía y la acuarela.

Entre los médicos escritores, aparte de los clásicos como Pío Baroja (que dejó la medicina por la literatura) y Gregorio Marañón (que simultaneó sus actividades de médico y escritor y además fue médico de Galdós), sabemos de médicos que fueron autores puntualmente (Santiago Ramón y Cajal escribió sus memorias y algunos cuentos), otros que escriben en relación con sus experiencias profesionales (Vallejo Nájera y sus novelas sobre enfermos mentales), otros que se salen de lo profesional (Pedro Laín Entralgo escribió crítica teatral y ensayo filosófico, logrando el máximo reconocimiento a su faceta humanística con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades); y finalmente hay médicos que dedican algunas fases de su vida con mayor intensidad a una u otra actividad, como es el caso que nos ocupa.

Francisco Mas-Magro ha cultivado la poesía de manera especial en su juventud y tras su jubilación, etapa en la que ha recogido su obra dispersa y ha publicado obra nueva, demostrando que la creatividad de una persona no disminuye con los años. Pero de eso el doctor Mas-Magro sabe mucho, puesto que su especialidad es precisamente la Geriatría. Con él hablamos en este mes de septiembre que abre un curso académico peculiar, mediatizado por los requisitos que impone la lucha contra la pandemia que aún no ha terminado. 

El Cantarano.- Empecemos por el nombre y los apellidos. Hay una curiosa coincidencia entre tu nombre y el de tu abuelo, el prestigioso hematólogo Francisco Mas Magro.

Francisco Mas-Magro.- Sí, efectivamente. En mi partida de nacimiento constan mis tres nombres, pues en aquel entonces esa era la costumbre: Francisco de Asís, Salvador, Eugenio. Y en cuanto a mis apellidos, yo nací Mas y Magro; en mi familia ha sido casi una costumbre, quizás influenciados por el contorno cerrado de una villa como la de Crevillente, casarse entre primos, de tal modo que, en mi caso, los apellidos de mi abuelo coinciden con los de mi padre y con los míos. Por eso, el “Mas y Magro” los unifiqué, según una resolución de 1978, de forma que mi primer apellido es la suma de los dos paternos: Mas-Magro. También ha sido una manera de perpetuar el apellido de mi ilustre antecesor.

Si nos remontamos siglos atrás, parece que nuestra familia procedía de la isla de Malta, y de ahí vienen nuestros apellidos. Los Magro malteses se instalaron en esta zona levantina en el siglo XIX, Vicente Magro Busutil, mi bis-tatarabuelo, fue el primer maltés que pisó tierra española, huyendo de la invasión francesa a la isla. Mi madre se llamaba Joaquina Magro, y de ahí viene que mi nombre completo sea Francisco Mas-Magro y Magro. Como he dicho antes, mi padre también se llamaba como mi abuelo: Francisco Mas y Magro, y también era médico de profesión. Sin olvidar a mi bisabuelo, Francisco Mas y Candela, medico titular de Crevillente, Así que yo soy la cuarta generación de médicos de la familia.

El Cantarano.- Tu abuelo fue uno de los crevillentinos más ilustres, como lo acredita el busto que le recuerda en la avenida principal, el Paseo de Fontenay. ¿Tú también naciste en Crevillent? ¿Qué recuerdos conservas de ese abuelo del que has heredado nombre y vocación médica?

Retrato del doctor Mas Magro, abuelo de nuestro entrevistado. 1923.

Francisco Mas-Magro.- Me siento muy ligado a Crevillent por vínculos familiares y afectivos; en Crevillent se conserva la casa familiar, transformada en museo que recuerda a mi abuelo y que contiene además un museo de arqueología. Y mi relación con esa población se ha mantenido siempre. En 2007 fui Pregonero de la Semana Santa crevillentina, una de sus fiestas más relevantes.

Pero yo nací en Alicante, en la calle de Bono Guarner, 5, que pertenece a un barrio muy popular y querido en la ciudad que es el de San Blas. En aquella época (hablamos de 1946) el edificio en el que vine al mundo era el chalet Van Halem, de la antigua Fábrica de Harinas Magro llamada “El Sagrado Corazón”, regentada por mi abuelo materno.

Con respecto a mi abuelo paterno, antes de nada decir que tuve la suerte de conocerlo durante mi infancia, y tengo de él recuerdos entrañables. El fue una personalidad en su campo, se relacionó con especialistas de fuera de España, sobre todo de Alemania, investigó de manera incansable… Pero además para mí era mi abuelo, que me quería y mimaba. Recuerdo los paseos que dábamos por la ciudad de Alicante y cómo me explicaba detalles de los edificios y los lugares, educándome en la curiosidad por el entorno. Cuando se cumplió el cincuentenario de su fallecimiento, redacté un libro sobre él: Francisco Mas y Magro (1879-1958), padre de la Hematología española, que se publicó en Crevillent en 2008 y actualmente está agotado y me ha ofrecido el Ayuntamiento la posibilidad de una segunda edición. Necesito tiempo, una segunda edición implica revisar toda la obra y ampliarla, si procede.

El Cantarano.- La memoria de tu abuelo se ha mantenido en Alicante…

Francisco Mas-Magro.- Así es. Figura en el callejero alicantino desde que se le dedicó la Plaza del Doctor Mas Magro en el barrio del Pla, muy cerca del Museo Arqueológico. Y en Elda también hay una calle Doctor Mas Magro. Además se puso su nombre al Hospital del Vinalopó, donde se conservan unos paneles con su biografía y trayectoria, parte de la exposición que se montó en su día para homenajearlo. Y fue la crevillentina Ana Satorre, Directora de la Casa de Cultura, quien se ocupó del montaje de dicha exposición.

El Cantarano.- ¿Cómo transcurrió tu infancia? ¿Qué otros recuerdos conservas?

Francisco Mas-Magro.- Según me contaron, mi primer mes de vida transcurrió en la residencia de los abuelos maternos, donde nací. De allí pasé a la casa de mis padres, donde resido en la actualidad, ubicada en la Plaza de Calvo Sotelo de Alicante. Es un edificio familiar que fue construido por el arquitecto alicantino Juan Vicente Santafé y Arellano (que también diseñó el cine Ideal, la Casa de Socorro y otros edificios emblemáticos de Alicante). Esta casa se hizo por encargo de mi bisabuela, Encarnación Mas y Candela. Bien dicen que son las mujeres las que hacen el hogar, y en este caso, ha sido un hogar que ha perdurado por generaciones. Las iniciales de mi bisabuela todavía figuran en la puerta de entrada, y en la fachada hay una lápida dedicada a la memoria de mi abuelo el médico.

Aprendí a leer y a escribir en casa, de la mano de una profesora particular: Doña Encarnación Gil y Mora, de quien conservo gratísimos recuerdos y nunca podré agradecerle que fuera quien me enseñara las primeras letras. Posteriormente, realicé los estudios primarios y el bachillerato, elemental y superior, en el Colegio «Sagrado Corazón» de los Hermanos Maristas de Alicante.

Lo que mejor recuerdo de mi infancia es el ambiente familiar, tanto del correspondiente a mis abuelos maternos Salvador y Joaquina, -que va unido íntimamente al chalet de la fabrica de harinas, donde he pasado la mayor parte de mi infancia, hasta los trece años, junto a mis primos (en total veinte), que eran como hermanos-, como en mi casa, junto a mis padres, mi hermana Quinitamaría – con su síndrome de Turner- y mis abuelos. Mi abuelo ha sido durante los doce años que tuve la dicha de compartirlo, mi maestro. Era, realmente, un sabio. Un sabio sordo como una tapia, que me decía: “Hablame bajito, que si no no te oigo”. Él me enseño qué es la ciencia, la curiosidad por las cosas, qué valor tienen las piedras de los edificios antiguos, los paseos, la historia de su pueblo, la de Alicante y el buen humor

El Cantarano.- Además de tu abuelo, has tenido otros familiares ilustres a los que recuerda el callejero de Crevillent.

Francisco Mas-Magro.- Así es. Entre ellos, Guillermo Magro Espinosa, nombrado Siervo de Dios por la Iglesia. Fue un benefactor que fundó una escuela infantil, pero debido a sus ideas tradicionalistas, fue preso, torturado y asesinado por los republicanos en los inicios de la guerra civil, en concreto el 30 de septiembre de 1936. Por otra parte, el actual Museo Benlliure de Crevillent se debe a un coleccionista de arte que también era de mi familia: el empresario José Manuel Magro Espinosa, quien se hizo amigo del artista. Y sin agotar la nómina, mencionaré a Vicente Magro Candela, considerado el primer filántropo de la familia. Sobre este tema hay un amplio reportaje, «El legado de la familia Magro», firmado por Antonio Ramón Guilabert, José Antonio Macià Ruiz y Sergio Lledó Mas que se publicó el año pasado en la revista de Semana Santa de Crevillente.

El Cantarano.- Es impresionante la variedad de actividades que tuvo tu familia, pero está claro que en tu caso predominó la medicina, por tu abuelo y por tu padre. ¿Cómo fue tu formación médica?

Microscopio y revistas médicas en la Casa-Museo Mas Magro de Crevillent

Francisco Mas-Magro.- Hice mi examen de ingreso en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, donde inicié la carrera de Medicina. Al mismo tiempo desarrollaba mi ilusión por la investigación, pues pude introducirme, ahí pesó el nombre de mi abuelo, en la Sección de Bioquímica del Instituto de Medicina Experimental del CSIC, bajo la dirección del profesor Dr. D. Alberto Martínez y Fernández. Trabajé intensamente, con la ilusión de hacerlo allí donde lo había hecho mi abuelo, y lo hice con lo que el profesor Martínez me señaló, un estudio de los “Niveles de hemoglobia en ratas tratadas con sulfatalidín” y, más tarde, en otro tema, entonces novedoso, sobre la “Determinación de los mucopolisacáridos mediante la técnica de electroforesis”, técnica que llegué a completar en el curso.

Pero la Complutense era una Universidad masificada, así que en 1966, sin pedirle permiso a nadie, me trasladé a la Universidad de Granada donde seguí mis estudios en aquella Facultad, ingresando en el Instituto Anatómico «Federico Oloriz» como alumno interno y ayudante del profesor Dr. D. Luis Álvarez, y trabajando, hasta el año 1974 en que obtuve la Licenciatura, en un programa que se desarrollaba, conjuntamente, con la Universidad de Chicago y el prestigioso Instituto Cardiológico de Méjico, dirigido por la profesora María Victoria de la Cruz: “El estudio y tratamiento de las cardiopatías congénitas». Como consecuencia publiqué varios trabajos sobre cardiopatías congénitas, entre ellos «Consideraciones anatómicas y hemodinámicas del Complejo de Eissenmenger», que se hizo público en el II Congreso Hispano-Luso de Anatomía, en 1968. Un recuerdo de esta época es mi poema “Autopsia”.

El Cantarano.- Tenemos entendido que durante tu vida estudiantil ya iniciaste actividades literarias. ¿Que nos puedes contar al respecto?

Francisco Mas-Magro.- Efectivamente, durante mis años universitarios en Granada y en la Residencia de Estudiantes «Las Flores» conocí al poeta Alejandro Duque y Amusco (en aquel entonces estudiante de Farmacia) con quién compartí no solamente una gran amistad, sino también su gran inquietud literaria y una serie de actividades culturales en torno a la poesía que dieron lugar a que ambos nos integrásemos en los ambientes del movimiento de poetas andaluces de la época. Alejandro, ya digo, estudiaba Farmacia, pero él era un enamorado de la literatura. Lo perdí de vista en 1973, porque nuestras vidas corrieron por cauces diferentes. Creo que él terminó matriculándose en la Facultad de Letras.

En ese ámbito formé parte, en 1968, del grupo «Tragaluz» de poesía, dirigido por Álvaro Salvador e integrado entre otros por el poeta Antonio Rodríguez y en el que participaba también el cantautor Carlos Cano. Yo firmaba mis colaboraciones como Noel Éfese, pseudónimo que me acompañó hasta los años ochenta.

También me relacioné con los poetas del grupo “Poesía 70″, en el que figuraban entre otros Juan de Loxa, ingenioso y talentoso activista cultural que fue capaz de dinamizar la Granada del final del franquismo con propuestas tan atrevidas como el programa de Radio Poesía 70; Pepe Heredia Maya, licenciado en Filología Hispánica, que fue el primer catedrático gitano de la historia, y José García Ladrón de Guevara, poeta, ensayista y político (PSP), fundador del grupo “Versos al aire libre”, que trató de resurgir la poesía en la oscura Granada de posguerra, huérfana de su poeta Federico García Lorca.

Casa de García Lorca. Vivienda típica de Granada, la ciudad donde Francisco Mas-Magro cursó estudios universitarios y mantuvo una intensa actividad literaria

El Cantarano.- Ya se ve que en Granada tuviste una intensa actividad literaria que luego trasladarías a Alicante. ¿Qué recuerdos guardas de aquellas vivencias?

Francisco Mas-Magro.- De Granada, recuerdo, como si fuera ayer mismo, nuestras tertulias en “El Elefante”, una vieja bodega de Puerta Real; desde allí salíamos rumbo al Genil y por la carrera de las Angustias llegábamos a la Plaza Nueva acabando la ronda junto al Darro. Esto siempre con el grupo de los 70. La noche no nos daba para más, sobre todo porque al día siguiente, que era unas horas después, teníamos que estar en clase. Corría el vino (con su tapa) y corrían los versos. Con el otro grupo -“Tragaluz”-, las reuniones eran “más formales”: café con leche y todos sentados alrededor de Álvaro Salvador, en una mesa del “Gran Café” de Puerta Real, elegante lugar de aquel entonces.

De resultas de mis experiencias y contactos en Granada, en 1969 y a instancias de Juan de Loxa, fundé en Alicante el grupo «Lasser» de poesía, que dirigí con la idea de impulsar y unir la cultura, claramente dividida en los años setenta, y fomentarla entre la juventud, en aquel entonces sometida a la mordaza de la dictadura.

El Cantarano.- El grupo se definía como hernandiano, haciendo alusión su nombre al “Rayo que no cesa” de Miguel Hernández…

Francisco Mas-Magro.- Sí, y para su actividad me apoyé en mi buen amigo José Ramón Celdrán Mallol. Recuerdo que nos dimos a conocer el día 1 de octubre de ese mismo año de 1969 con el proyectado programa «Lasser, revista oral de la poesía”, acogido por el gran profesional de la radio Félix Parreño, director de la emisora Radio Popular de Alicante. En sí, el programa de radio era una copia del que “Poesía 70” de Juan de Loxa, realizaba, también en Radio Popular de Granada.

Ahí se leían versos de poetas jóvenes incluyendo los de Consuelo Jiménez de Cisneros, que luego sería Catedrática de Lengua y Literatura Española y actualmente es la directora de El Cantarano, y los de otros autores que demostraron su valía con el tiempo. Por la “Revista Oral de la Poesía”, pasaron todos los poetas alicantinos, vivos y muertos, así como del resto de la poesía española y extranjera. Todo esto con sus anécdotas, que hoy nos hacen reír, pero en aquella época nos ponían los pelos de punta. La censura lo controlaba todo.

El Cantarano.- La censura. Momentos difíciles…

Francisco Mas-Magro.- Mucho. Es algo que mis hijas no han llegado a comprender, por más que se lo he explicado. Y espero que no lo sepan mis nietos. Recuerdo un programa homenaje a Miguel Hernández que llevé yo personalmente al censor, que estaba en la calle de Artilleros, junto a la Rambla. “Estos versos de Miguel Hernández no se pueden leer…”, me dijo el censor una vez. Tachón en rojo. Siguió leyendo. “Ni este, ni este…”, y así fue tachando. Cuando me encontré con que medio programa me lo había censurado, con una sonrisa le dije: «Pero, ¿usted sería capaz de tacharle un verso a nuestro poeta más insigne?» Y temiendo las consecuencias de mi osadía, oí sus palabras: “¡Tiene usted razón!” ¡Y se pudo emitir entero!

El Cantarano. Siguiendo el ideario fundacional del grupo, Lasser integró en su seno a jóvenes poetas, cantautores y artistas plásticos…

Francisco Mas-Magro.- Sí, así es. Juan Alberto Sansano, Rafael Bonet Camarasa, Rosa Ródenas Llopis, Félix Pillet, Francisco Armengol…, todos de diversa índole ideológica, sin límites políticos o religiosos, con la única condición de respetar la libertad de los demás y de llevar la cultura popular por toda la geografía provincial. En 1971, con la ayuda del Instituto de Estudios Alicantinos (hoy Instituto Alicantino de Cultura «Juan Gil-Albert») y la colaboración de la entidad cultural «Tur Social», muy relacionada con la Caja de Ahorros Provincial de Alicante -CAPA-, organicé, como director del grupo Lasser, la I Exposición de Poemas Ilustrados, experiencia que reunió a la mayor parte de pintores y poetas de la provincia alicantina y que tuvo una segunda proyección al siguiente año.

Otra actividad que dejó huella fue la que realizó “Lasser”, como entidad cultural ya consolidada: organizó el “I Aplec de la cançó popular al País Valencià”, llevado a efecto los días 21 y 26 de agosto de 1972 en la Sala Felipe II del Castillo alicantino de Santa Bárbara, con participación de los más destacados cantautores valencianos.

El Cantarano.- En aquella época franquista se miraban con recelo las iniciativas culturales, por inocentes que fueran. ¿Tuviste algún incidente en ese sentido?

Francisco Mas-Magro.- Ciertamente, sí los hubo. Como siempre pasa, depende de las personas con las que te tropieces. En el Aplec de la cançó popular tuve suerte, porque nos pusieron de control a un inspector de policía, excelente persona: Miguel Jiménez de Cisneros, que no nos puso ninguna pega. Pero por desgracia no siempre salían bien las cosas. Yo me sentía “vigilado” por la Brigada Político-Social (BPS), policía política del Régimen, y observando que el grupo se desviaba del fundamento inicial motivado por los «…movimientos tendentes a politizarlo», ese mismo año de 1973 presenté mi dimisión al frente del grupo “Lasser.

Lamentablemente, las consecuencias de lo que podríamos llamar mi «activismo» cultural fueron que se me abrió expediente por la policía política, expediente que paso a la administración militar y, como consecuencia, fueron suspendidos mis estudios universitarios. Me enviaron a la Comandancia Militar de Marina de Villa Cisneros en el Sahara Occidental Español, donde permanecí por el tiempo de un año, siendo posteriormente trasladado a la Clínica Naval del Arsenal de Las Palmas, donde estuve hasta que se produjo mi licencia e indulto.

De regreso en 1975 a Granada, concluí mis estudios de Medicina y, habiendo obtenido la Licenciatura en ese mismo año histórico de 1975, volví a Alicante donde iniciaría en 1976 mi actividad profesional.

El Cantarano.- ¿Cómo resumirías esa etapa de actividad profesional en Alicante?

Francisco Mas-Magro.- Es difícil de resumir, porque fueron años muy intensos, en lo profesional y también en lo personal, ya que ese mismo año de mi regreso a Alicante, el 7 de diciembre, contraje matrimonio con María Teresa, de cuya unión nacieron tres hijas: Ana, Paula y Elena, y seis nietos: Lucía, Ana, Jorge, Álvaro, Javier e Ignacio.

En 1977 obtuve por oposición la primera plaza de médico del «Gabinete de Recuperación y Rehabilitación de Minusválidos Físicos, Psíquicos y Sensoriales», bajo la dependencia del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Y enseguida centré mi labor profesional y mis estudios en los ancianos y me especialicé en Geriatría. En 1980 fui nombrado médico geriatra de la Residencia Juan XXIII, entonces dependiente del Ministerio de Trabajo y actualmente institución dependiente de la Generalitat Valenciana.

El doctor Mas-Magro impartiendo una conferencia en el Ateneo de Valencia en otoño de 2019.

Me diplomé en Medicina Geriátrica por la Sociedad Española de Geriatría y la Asociación Internacional de Gerontología, y me dediqué a la defensa y divulgación de la especialidad, participando en la organización y desarrollo de diversos cursos, congresos, charlas y conferencias, impartidas por toda la geografía de la Comunidad Valenciana y del resto de España. Formé parte desde 1981 de la Sociedad Levantina de Geriatría y Gerontología recién fundada. Desde ese mismo año, fui nombrado Miembro de Número de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología.

Como especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, llevé a cabo mi actividad profesional en el Centro de Salud de Los Ángeles de Alicante. Participé en el equipo que puso en marcha el Centro de Salud de San Blas, posteriormente premiado por la Consellería de Sanidad como el mejor Centro de la Comunidad Valenciana. Y sin dejar mi interés por la Geriatría, trabajé en torno a la enfermedad de Alzheimer y otras demencias. Formé parte de la Asociación Geriátrica Valenciana como vocal por Alicante.

Una de las actuaciones de que me siento más satisfecho es la fundación de la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Alicante, en cuyo seno se creó el primer «Centro de Día Terapéutico» de la Comunidad Valenciana, del que fui, junto al doctor Puerta Sanz, director-médico. Esta fundación tuvo lugar en 1990, junto a los doctores Matilde Pérez y Carlos Puerta.

Finalmente, añadiría lo importante que ha sido para mí la divulgación médica. Esto me ha llevado a impartir cursos y conferencias en congresos de geriatría; además he colaborado en la enseñanza de la especialidad en diversas escuelas y he publicado estudios en revistas de la especialidad como la “Revista de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología”, “Medicina Geriátrica” y “ Geriátrika”.

El Cantarano.- Sin lugar a dudas, una vida plena. ¿Cómo has abordado la jubilación, después de haber tenido tanta actividad?

Francisco Mas-Magro.- A mí me jubilaron por decreto, en 2012, pero un médico no se jubila nunca. Todavía la gente me consulta, incluso en las tertulias de los cafés. Supongo que sucede lo mismo en otras profesiones que son muy vocacionales. Yo no me he desconectado de la Geriatría porque formo parte de la Asociación Gerontológica del Mediterráneo, desde la que ejerzo una actividad social y didáctica, mediante estudios, conferencias, cursos y jornadas.

Por otra parte, he retomado mi actividad literaria, que en realidad nunca dejé del todo. A lo largo de mi vida he publicado artículos sobre mi especialidad médica en revistas y diarios, así como otros de opinión y divulgación que aparecen en medios como «Información», “Primera Página”, “La Verdad», “Idealidad”, y en otros puramente literarias: “Alamo” de Salamanca, “Poesia 70”, “Tragaluz” de Granada o “Aixará”, órgano divulgador de Lasser en Alicante.

Mi proyecto más reciente, de 2019, ha sido promover, junto con otros profesionales médicos de Alicante, el Ateneo Cultural del Colegio de Médicos (Ateneo COMA), con el fin de crear un marco capaz de dar salida a las inquietudes culturales de los colegiados, y en la actualidad soy miembro de la Junta Directiva

El Cantarano.- Suponemos que esa actividad te habrá proporcionado satisfacciones personales y reconocimientos…

Francisco Mas-Magro.- Para mí la mayor satisfacción ha sido publicar mis libros, tanto los de investigación (biografía de mi abuelo, del artista, fallecido prematuramente, Luis Casteig, historia de mi parroquia de Nuestra Señora de Gracia de Alicante…). Los libros de poesía que he recopilado recientemente también me han dado satisfacciones por la acogida que han tenido, tanto en los medios como entre los lectores. Por poner un ejemplo, mi libro Glosa de lo cotidiano (1969-2018), conjunto de poemarios con prólogo de Consuelo Jiménez de Cisneros, va por su segunda edición, y eso, en un libro de poesía, es especialmente notable.

También he participado en algunas publicaciones colectivas, de las que destacaría dos convocatorias de Relatos Urbanos (en 2011 y 2013) y eso me recuerda que tengo cuentos inéditos que estoy a la espera de revisar y editar. En el ámbito de lo poético, resaltaría mi participación en el Homenaje a Vicente Ramos en 2019 en la Sede Universitaria de Alicante y mi presencia en la obra colectiva “Hernández en la memoria”. Voces del Mediterráneo a Miguel Hernández (Orihuela, 2019). Además he recibido recientemente el Primer Premio de la II Convocatoria de relato breve Santa Isabel de Hungría, que promueve el Colegio de Enfermería de Alicante, por mi obra “Julia y la palabra”.

En 2020 inicié mi colaboración en la revista de cultura “El Cantarano” (Literatura, arte, ciencias y pensamiento), con la que sigo colaborando y en este 2021 he participado con varios trabajos en verso y en prosa. Este año 2021 he prologado el poemario Somos Islas, de Consuelo Jiménez de Cisneros. Siempre es una satisfacción ver los trabajos que uno hace publicados, leídos y bien valorados.

Puerta de la casa de la familia Mas-Magro en Alicante con la placa del Dr. F. Mas Magro

Fotografías: Archivo de Francisco Mas-Magro. Archivo de Consuelo Jiménez de Cisneros. Foto de Granada de Mariluz Galisteo. Fotos de los paneles del Hospital Doctor Mas Magro del Vinalopó de Daniel Belmonte

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